No soy sólo esta colección de actos cotidianos, soy esto que escribo también... Por favor quiérame

martes, 3 de mayo de 2011

recuerdo


Presencia de tu cálida mirada
Contrasta al inmenso gris invernal
Azotes del primer signo vital, que es el despertador
Me hace inmediatamente negarme a la rutina
O más bien llevar una rutina que sea una compañía perpetua tuya
Momento de pereza mezclada con repentina ternura
Me invaden hasta la noticia de que esos 5 minutos de relax
Se han convertido en casi mi despido del trabajo
Inagotable rapidez me lanza hacia la calle en busca del primer taxi
En medio de esta infatigable búsqueda te recordé
Casi eterna, inalterable, aun con tu mirada coloreando
Aun a las fotos blancas y negras
Y casi con mayor ansiedad quise llegar más rápido a la oficina
Ahí estaba él, sentado en mi escritorio con ánimo de discurso del no cumplimiento:
“A donde firmo”, dije yo con tono exhaustivo
Desconcertante era su mirada, acorralada por la victoria de la pasión
“No seguiré mas engordando a mi estomago, mientras mi triste corazón apenas se alimenta de las sobras de este”, proseguí y me marche casi corriendo
El ascensor se me hacía interminable y no llegaba más a destino
Llego a mi departamento con esa alegría típica del hombre que se da cuenta que ama
Pocas veces había incursionado tal sentimiento, con la rareza de creer sentirlo permanentemente
Me despojo de esa ropa incómoda, me incursiono de lleno en tu búsqueda
Hasta que te encuentro, sin hacer mucho ruido te observo de lejos
En penumbras estabas todavía por la oscuridad de la pieza
Cuando logro por fin asomarme, tu sonrisa tan natural
Parecía conocer el interior de esa aparición tan repentina e inesperada
Sin decirnos palabras nos miramos casi absortos, sin duda la mejor fotografía que alguien pudiese sacar
No pude más que darte un beso, y soltar una lagrima
Hoy 40 años después, cuesta recordar con detalles esa escena, pero sin embargo, si hay algo que hasta puedo retratar casi detalle por detalle, es ese rostro tan lleno de juventud, de un amor tan fresco, gratamente nostálgico hacia mis ojos, y con ese entusiasmo vital, características que sin duda ni la muerte te sacó, porque sin duda esa mirada es eterna, perenne, y básicamente muestra de certeza de que el amor siempre prevalece.

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