Nada permanece excepto aquello que ha sido eternizado por aquel ser ubicado en el presente o como llamaría Borges, ese ápice vertiginoso del tiempo.
Todo ser que es tiende a permanecer en su ser, parafraseando a Spinoza, y el hombre no es la excepción. Es por eso que siempre, mediante la religión, la filosofía, la alquimia, etc., se ha querido vencer al tiempo en su más profunda esencia que es la inmortalidad, pero hay un hecho que imposibilita siempre este deseo que es la muerte.
Es por esto que el hombre realiza sus obras, ya sea literatura, música, pinturas, teorías, etc., destinadas a un futuro que se extienda a su muerte. Lo que hace con esto no es perpetuarse integro, es decir su existencia plena, sino inmortalizar su presente, lo que significa en cierta parte un triunfo al tiempo, ya que luego de mi desaparición física, mi obra seguirá y retratará aquello que estaba pasando por mi en ese momento, no es mas que solo una imagen que sirve únicamente para ser observada por otro. Pero sin embargo no hay una victoria total, sino hay un ente animado que compruebe la existencia de esta realización.
Por ende a la llegada del Apocalipsis, es posible que esas obras sigan inmortalizadas pero en un sentido inútil. Solo hay inmortalidad, si hay un ser que lo pueda corroborar, y es esto lo que finalmente termina dando como único vencedor al tiempo, si bien momentáneamente nos pudimos eternizar y perpetuar, esto se limita a la desaparición de estos miles de escribanos que llamamos hombres.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario