Un no adornado con posibilidad de si
Una negativa con falso ideal de aceptación
A veces preferir soportar la humillación y el agotamiento
Del no definitivo, ante una rotunda e inexpugnable negación.
Esperar esa dicha divina, que colabore a acortarme esta pena,
Estar siempre en expectativa ansiosa de reivindicación,
En donde yo pueda mostrar estos o aquellos dotes,
Este o aquel poema, aquella canción que compuse ayer hasta
Las 5 de la mañana pensando en tu amado rostro.
Siendo que la sentencia ya ha sido formulada, y es una simple negativa.
Negativa dada por una sola condición: Flaco no le gustás!
Por mas que te esfuerces en no hacer ruido al comer,
En ser generoso, en desarrollar gestos gentiles hacia su persona, y demás,
No vas a torcer esa declinación, y ante eso, no hay remedio posible.
Yo siempre he asemejado tal imagen a una muerte,
Una muerte, claro no físicamente, pero si la muerte de una posibilidad de mi vida,
Si yo ya no soy el objeto de deseo de x mujer, ya aquella vida
Fantaseada de posibilidades, no existe más, se ha ido,
Y junto con ella el infinito de variantes posibles de realización de aquella.
Angustia desoladora de saber que es el fin, pero lo sabio seria poder reconocer
Que tal momento es el ápice cúlmine, y que de ahí la única solución
A esa muerte planteada anteriormente, es un nuevo nacimiento.
Como diría el negro Dolina
“la única forma de volver al primer amor es buscándolo en otra persona”
Claramente aquella sentencia es definitiva, (me refiero a la negativa amorosa)
Pero el hombre no puede darse el lujo de que ante el mínimo desencuentro amoroso
Se desintegre su posibilidad de amar y ser amado,
Aquí juega un papel imprescindible la mortalidad del hombre,
Este ser es un ente que carece de infinitos por lo tanto
No se puede prolongar en el tiempo esperando que ese hechizo cósmico
Realce el amor perdido (cosa que vamos a decir de una vez y para siempre, ¡nunca sucede!). El hombre ama profundamente y perentoriamente, porque sabe que es mortal,
De manera contraria no se si existiría esto que estoy escribiendo en este momento, ya que con la posibilidad de poder vivir todas las vidas posibles no habría necesidad de que el amor se apresure. “y si no me da bola ahora, bueno en 670 años mas por ahí se olvida y me da bola”.
Eso es lo angustioso pero a la vez grato y placentero del amor mortal, es tan gratificante y plácido amar y ser amado, que como contra cara no puede ser nada menos que el desengaño amoroso, ese cruce fatal de pasiones que nunca mas llegaran a un nexo común, o por ahí si, pero insignificante a los propósitos del amante.