Que complicado es asimilar que la vida en su prolongación es el transcurso de un azar y que según tal, uno se marca enteramente como hombre, músico, amante, etc.
Es una angustia muy fuerte la que se siente, es el momento en donde el hombre se da cuenta de sus posibilidades y avanza sobre ellas, dejando muchas otras de lado, que es básicamente eso lo que angustia, las cosas que a las que el hombre ni siquiera posee una posibilidad de realización.
Una Persona con escasos dotes de belleza, raramente se encontrara con el amor, a lo que alguien puede decir “claro, esta sociedad global que se deja llevar por la imagen”, y esta en lo correcto, pero no esta sociedad, sino cualquier sociedad, es decir para que exista el amor tiene que haber previamente una doble llama, diría Octavio Paz, una atracción inmediata como correlato de la belleza, pero no debe quedarse ahí para persistir un amor, sino que para perpetuarse hay que ir agregándole “pimienta”, un buen poema, actos gentiles, cariño, llevarle el desayuno a la cama, etc. Pero sin embargo si no existe esta mutua atracción, por más que uno le recite el Martín Fierro al revés, diría irónicamente el negro Dolina, la mina no le va a dar bola. Por ende se necesita del sentido visual para enamorarse, y al no tenerlo se hace muy difícil encontrar un amor.
A toda la angustia existencial de seres mortales y todo lo que esto acarrea, se le acopla otra angustia mas, la de no amar, en este caso, o la de no poder tocar un instrumento en caso de discapacidad o la de no poder escribir en otros casos, no poder razonar en el caso de un demente, etc.
Como contratara de esta angustiosa imagen se ve en cambio gente joven, bella, dotada de raciocinio, facultada para poder tocar un instrumento o de escribir algún versito o cuento. Que feo resignarse y decirse “pucha que se sentira haciendo tal cosa o tal otra”.
Esta es quizás la más grande paradoja del ser humano, que con su condición de mortal y de finitud quiere el todo. Yo me recuerdo de niño que me preguntaban que querés ser cuando seas grande? A lo que yo respondía: quiero ser futbolista, astronauta, presidente, bombero, veterinario, etc., y al pasar los años uno se va dando cuenta que cada elección es una resignación a tantas otras, que por cada cosa que uno hace hay miles que deja de hacer. Por lo tanto, a medida que uno va creciendo, ese abanico de posibilidades se va acortando, y es probable que ahora no esté más el astronauta, el bombero o el presidente, sino que haya un presente posible pero diferente a aquellos que nunca más podré tener.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario